¿Y por qué no nos dejan innovar?
 

Renovarse, reinventarse y en última instancia innovar es un proceso que llevamos a cabo en nuestro día a día sin apenas darnos cuenta de ello. Cambiamos nuestros coches, televisores, teléfonos móviles, ordenadores…incluso la naturaleza se comporta de tal manera. Satisfacemos nuestros niveles de oxígeno al respirar y los árboles y plantas realizan la fotosíntesis.

Esto es precisamente lo que innovación significa: adaptarse a nuevos retos y escenarios para afrontar y enfrentarnos a problemas y proveerlos de soluciones. Sin embargo, ¿por qué a la industria alimentaria española y especialmente en la Comunidad Valenciana, le cuesta tanto adaptarse a estos nuevos retos que sin duda limitan su capacidad de crecimiento, especialmente en mercados internacionales?

Parece que por el hecho de tener grandes superficies, pensamos que nuestra industria de procesado alimentario es muy fuerte e innovadora, pero lamentablemente no es cierto; ni es innovadora ni tiene presencia internacional (salvo muy raras excepciones).

Es fundamental entender dos conceptos básicos que van cogidos de la mano y que definen el devenir de una industria: innovación y expansión/crecimiento. La expansión debe ser consecuencia de la innovación y la innovación es condición sine qua non para ser competitivo en cualquier mercado, y la correcta combinación de estos elementos conduce al éxito. Aún más importante, conduce al conocimiento del negocio y del consumidor.

La gran distribución, ha creado un modelo de “sujeción y reverencia” cuasi dictatorial sobre su proveedor donde éste, a cambio de un importante crecimiento de su cuenta de resultados, cede todo control y toda toma de decisiones sobre su empresa en manos de la gran superficie. La innovación se convierte en un simple juego de acción- reacción de lo que la gran distribución pida/exija, al hoy llamado “interproveedor”, donde  algunos de los elementos básicos de la innovación o de cualquier proceso creativo, tales como el conocimiento directo del mercado y consumidor, la originalidad o la inventiva desaparecen en detrimento de un proceso de copia puro y duro de innovaciones provenientes, generalmente, de las grandes marcas internacionales.

Se produce pues, una insoslayable barrera entre el fabricante y el consumidor final. Esta información ya llega sesgada al fabricante en función de los intereses del gran distribuidor. Este punto nos parece relevante, pues sin saber conocer al consumidor final de una manera directa, el posible proceso innovador estaría sin duda viciado de origen.

Como apuntábamos antes, la capacidad de innovación es clave a la hora de ser competitivo en mercados internacionales. Si no tenemos marca, no tenemos productos innovadores ajustados a las necesidades de cada cliente, de cada mercado, por lo que es imposible crecer y tener una posición global .

Por ello, nuestra industria alimentaria está lamentablemente inclinando la rodilla ante EL GRAN DICTADOR, limitando su interés a satisfacer las necesidades del mismo, sin ninguna capacidad de innovar más haya de los criterios marcados por la distribución y sin ningún planteamiento internacional.

Una pena, especialmente en un país principalmente agroalimentario y con una tradición en innovación alimentaria tan relevante. Sin embargo, en la parte exclusivamente agro, donde existe una gran tradición exportadora (especialmente cítricos y verduras), sí se mantiene efectivamente una importante cuota de mercado a nivel internacional así como una cierta capacidad innovadora .

Podría entenderse que ésta es una situación endémica que afecta al conjunto de industrias, pero ciertamente no es el caso. Nos encontramos, por tanto, ante un modelo industrial muy concreto y llamativo donde es latente que existe un más que acuciado interés por no innovar y por tanto, por no expandirse.

Volviendo a la comparativa con otras industrias, la situación parece kafkiana, pues existen las capacidades técnicas, productivas e intelectuales necesarias para poder crecer y ser competitivos a través de la innovación y la expansión. Nos preguntamos por tanto el porqué de este escenario. ¿Qué motivos mueven esta falta de interés o de incapacitación por la innovación dentro de la industria alimentaria salvo contados casos?

De lo que sí que estamos seguros, y continuando con el razonamiento expuesto, es de que la simbiosis innovación-expansión es sin duda alguna la fórmula para crecer como operador dentro de la industria alimentaria. ¿Por qué no nos dejan innovar?

© 2016 by AVD Consultores

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